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domingo, 11 de diciembre de 2011

El Huesped Fantasma

Habia sido una semana pesada, empece en San Juan del Rio, y recorri hasta San Luis Potosi, llegue un jueves en la mañana, deje mis cosas en un hotel del centro y me fui a trabajar, no regrese hasta ya entrada la noche, increiblemente cansado, fui directo a la cama y me quede profundamente dormido, en la madrugada senti una corriente fria, solo me meti dentro de las cobijas y segui dormido, al dia siguiente me levante temprano, me bañe y sali rapidamente a trabajar, el dia paso muy rapidamente, en la cena me habia quedado de ver con unos amigos en la ciudad, en un pequeño cafe cerca de la Catedral.

Estabamos platicando muy animadamente y llego el momento en que era necesario despedirse, me preguntaron donde me estaba quedando, les dije que en el Hotel X.

-Ah, en el que esta el fantasma.- Dijo uno de ellos.

-¿Cual fantasma?

- A poco no sabias que en ese hotel se aparece un fantasma. Es una vieja casa colonial, de dos plantas, a donde vivia un acaudalado hombre en la colonia, dueño de minas, rozaba los cincuentas y era fuerte como un toro, pero un dia, murio de repente,

-Su mujer estaba destrozada de dolor, sola, su unico hijo habia muerto y su familia estaba muy lejos, en España, apenas y salia de su casa, desconocia casi todo de sus negocios, y pago las consecuencias, cuando el abogado que llevaba los asuntos del marido, se dio cuenta de ello, se apodero de todo, ella busco ayuda, pero no encontro ninguna,  en desesperacion fue a llorar a la tumba de su marido, cuando regreso a su casa se volvio loca, corria por todas partes, no podia dormir ni sentarse a comer, sus sirvientes no podian controlarla, poco despues fue encerrada en un manicomio donde murio pobre unos años despues.

El nuevo dueño se movio a su nuevas posesiones en cuanto fue socialmente posible, su dinero malhabido le quemaba el bolsillo, los lujos y la vanidad eran pomposamente exhibidos, una noche estaba sentado tranquilamente en una de las habitaciones, viendo la ciudad a traves de la ventana, el silencio de la noche se rompio repentinamente, una fria brisa de viento helado lo estremecio hasta el hueso, unos pasos se dirigieron hacia el, a la tenue luz de las velas, el muerto se le acerco, su rostro descarnado, permanecio ahi, acusador, justiciero, provocondole terror, hasta que desaparecio sutilmente.

Cada noche le sucedio lo mismo, sin importar en que habitacion estuviera, o que las puertas estuvieran cerradas con llave, finalmente el abogado, lleno de miedo, coloco sirvientes a su alrededor para que velaran su sueño, la brisa helada apago las velas y los quinques, y la figura, mas macabra volvio a aparecer, a la siguiente noche, ninguno de los sirvientes acepto quedarse con su amo, ni aun armados, el mismo ya no volvio a dormir otra noche ahi.

Desde entonces el fantasma se aparece algunas veces, caminando en su casa, pero los huespedes ya no ven la figura aterradora, sino simplemente un hombre vestido a la usanza de la colonia, caminando muy triste por las habitaciones, siempre precedido de un subito descenso de la temperatura; y desapareciendo a traves de las paredes que ahora separan lo que en otros tiempos debieron de ser estancias muy amplias.

-Asi que entonces, ese fue el frio que senti en la noche, el fantasma pasando, no hay que decir que esa noche no dormi muy bien, pero no senti nada extraño, aparte del frio normal del que la ciudad es tan famosa.

Esta historia la oi de un compañero de trabajo, Consultor de Recursos Humanos, pero por mas que intento, no logro recordar el nombre del Hotel, cuando he andado por San Luis he intentado averiguar cual hotel es, pero como es natural, ninguno admite tener tal huesped, aunque por las evasivas del personal de algunos, tengo mis sospechas de dos de ellos.

Autor:  Sergio Antonio Tellez Morales

miércoles, 23 de junio de 2010

Los Fantasmas del Quemadero de la Inquisicion


De la misma epoca en que hacia mis viajes epicos diariamente, es esta historia, me fue platicada por un vendedor de tacos que tenia su negocio en la concurrida esquina de Reforma y Avenida Balderas.

El Quemadero de la Inquisicion se encontraba a un lado de la Alameda del Distrito Federal, donde ahora se encuentra el Teatro Arte Alameda; durante el Virreynato, se efectuaban las quemas en el entonces convento de San Diego, que a su vez pertenecia al enorme complejo religioso de San Hipolito, que ahora esta disperso desde el Metro Hidalgo de la linea 3. hasta el de Bellas Artes de la linea 2. En aquel entonces, los prisioneros eran llevados frente a San Diego por medio de una procesion, vistiendo el San Benito, llegando a la iglesia se les colocaba en piquetes frente al convento y se les prendia fuego, regularmente ante la prescencia de una gran multitud. Los pobres condenados morian en medio de un gran sufrimiento, sus restos eran recogidos, y enterrados, pero no en terreno consagrado.

Pues bien, eso es lo que dicen los libros de historia, ahora la narracion actual, en ese tiempo me bajaba del Metro en la estacion Hidalgo y caminaba a la terminal de los peseros de la Ruta 2 que prestaban servicio toda la noche sobre Reforma. Habia una rutina peculiar en la zona, despues de las 11:30PM, habia puestos de revistas atrasadas y otras cosas dentro del metro, un puesto de tortas, que hacia las mejores tortas de la zona, vendia sus ultimas preparaciones a los viajeros finales del metro, y si uno pedia los chiles para llevar, te daban todos los del recipiente. Pero si llegabas mas alla de la medianoche, solo encontrabas cortinas metalicas cerradas, por lo que era necesario comer algo en la superficie, habia un par de puestos de tacos, ubicados a un lado de lo que hoy es el Centro Cultural Marti, la comida no era muy buena, pero cuando se tiene hambre...

Como cliente regular, (si los tacos del lugar eran asquerosos, pero habiendo comido a las 16:00 hrs, ya para la medianoche se tiene un hambre atroz), el dueño se quedaba platicando conmigo, en lo que llegaba el pesero de las 0:30 o de la 1:00, regularmente eran temas comunes, el clima, la politica, el peligro de los vagos de la zona, pero una noche lluviosa, que llegue mucho mas tarde de lo habitual, casi a la una, la zona estaba casi vacia, la poblacion regular, viajeros, comerciantes, policias y vagos, era casi ausente, solo el puesto de tacos, un par de personas paradas en la esquina esperando el pesero y un hambriento novio que hubiese estado mejor en su casa, eramos todos los seres vivos en la zona.

Cuando empece a platicar con el taquero, el me dijo que si no habia mas gente, yo seria su ultimo cliente y se iria, no le gustaban esas noches solitarias, porque sucedian cosas extrañas, en el silencio de la noche, cuando la madrugada era mas obscura, se escuchaba el ruido de ruedas de madera rodando frente a la Alameda, recorriendo la avenida desde la Iglesia de la Santa Veracruz al convento de San Diego, lo que sonaba como carretas que se detenian de golpe, seguidas de sonidos como de bultos cayendo al piso, poco despues se escuchaban gritos aterradores, pero muy debiles, muy apagados, que se apagaban en el crepitar lejano de llamas invisibles, si habia algun valiente que se asomara por la Alameda, no se veia nada, y los ruidos desaparecian, pero un frio de miedo recorria todo su cuerpo, erizandosele la piel.

Ademas estaba el fantasma polvoriento, era un muchacho que se veia caminando desesperado, frente al sitio donde habia estado el viejo Hotel Regis, derrumbado en el temblor del 85, parecia como si buscara algo, los que lo habian visto decian que parecia estar completamente cubierto de polvo, con una gran rajada en la cabeza, y que desaparecia en cuanto alguien posaba su vista en el, y como esa zona era el sanitario publico de todos los que pasaban por ahi, no pocos lo habian visto, incluyendo mi amigo el taquero.

En mi muy particular punto de vista, yo jamas vi, ni oi nada, y hubo noches en que tuve que esperar hasta las 2 de la mañana para poder irme a mi casa, lo peor que vi, fue un enfrentamiento entre Policias y Vagos (ahora llamados niños de la calle), con disparos de escopeta y toda la cosa, ese punto era mas peligroso por los vivos que por los muertos. En fin, si fui su ultimo cliente y me pidio que lo esperara en lo que cerraba, todos nos fuimos en el primer pesero que paso, y dejamos esa importante esquina de la ciudad a sus propietarios fantasmales.

Esta historia la he escuchado con diversas variaciones, narrada por gente que vive en el Centro o por conductores de peseros, una variacion es que todo sucede igual, pero en la Plaza de Santo Domingo, en el viejo edificio de la Inquisicion, actual Museo de Medicina

Autor:  Sergio Antonio Tellez Morales